En el Hotel Serena de Islamabad, las delegaciones de Estados Unidos e Irán concluyeron este sábado dos sesiones cruciales de negociación, marcando una transición hacia una etapa de trabajo especializado. Este proceso, facilitado por Pakistán, tiene como objetivo convertir el precario alto el fuego vigente desde el miércoles pasado en un pacto de paz permanente que termine con el conflicto regional iniciado el 28 de enero, tras el fallecimiento del ex líder supremo Ali Khamenei.
Medios oficiales iraníes y portavoces de la Casa Blanca coincidieron en que las conversaciones han ingresado en una "fase técnica". Especialistas de ambas naciones se hallan en este momento revisando y compartiendo borradores legales y documentos técnicos para dar forma a un acuerdo que vaya más allá de la simple suspensión de las hostilidades.
Un alto cargo de la administración estadounidense informó, en la tarde del sábado hora local, que las discusiones trilaterales (entre EE.UU., Irán y Pakistán) prosiguen de manera presencial. Mientras, agencias de noticias persas como Fars y Tasnim indicaron que una tercera ronda de diálogo tendrá lugar "probablemente esta misma noche o mañana domingo".
A pesar de que diplomáticos pakistaníes han descrito el ambiente como "cordial", las propuestas de Washington han creado tensiones. Según medios estatales iraníes, la delegación estadounidense, liderada por funcionarios de la Casa Blanca, está presentando "exigencias excesivas" relacionadas con la soberanía y el tránsito en el estratégico Estrecho de Ormuz, ruta vital para el comercio global de petróleo.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, definió el viernes el parámetro fundamental para el éxito de esta cumbre: "Un buen acuerdo contemplaría que Irán no tenga un arma nuclear. Es el primer objetivo. No pueden tener armas nucleares, es el 99% de lo que buscamos", afirmó, dejando claro que la desnuclearización completa es una condición no negociable para su gobierno.
Mientras las conversaciones se desarrollan en la capital pakistaní, desde Jerusalén el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, emitió un contundente mensaje de fuerza militar. Netanyahu declaró que, mediante ataques coordinados con EE.UU., Israel ha conseguido destruir el programa nuclear y de misiles de Irán.
El mandatario israelí aseguró que el régimen islámico atraviesa su periodo de mayor debilidad desde 1979. "Querían estrangularnos, y ahora somos nosotros quienes los estrangulamos. Ahora luchan por su supervivencia", manifestó Netanyahu ante la prensa local.
Hina Rabbani Khar, exministra de Asuntos Exteriores de Pakistán, destacó que el rol de Islamabad es el de un "puente de confianza", pero advirtió que la desbloqueo de los activos financieros iraníes congelados y la aplicación efectiva del cese al fuego en la frontera sur del Líbano (donde opera Hezbollah) son condiciones que Teherán difícilmente retirará de la mesa de negociaciones técnicas.
Richard Haass, Presidente Emérito del Council on Foreign Relations, señaló que, pese a las declaraciones de victoria militar de Netanyahu sobre el programa nuclear, el propósito central de la "fase técnica" en Islamabad es lograr que Irán acepte un régimen de inspecciones intrusivas que impida cualquier esfuerzo de reconstrucción, algo que la agencia Fars ya ha tildado de "exigencia inaceptable" por parte de Washington.
La ciudad de Islamabad se mantiene bajo un riguroso toque de queda diplomático, con vías bloqueadas y el Hotel Serena convertido en una fortaleza. El resultado de la tercera ronda, prevista para las próximas horas, será decisivo para determinar si la región avanza hacia una estabilidad duradera o si las desconfianzas sobre el control del Estrecho de Ormuz y la actividad nuclear devuelven a las potencias al escenario del conflicto armado.
Contexto histórico: Las tensiones entre Estados Unidos e Irán tienen profundas raíces históricas que se remontan al golpe de Estado de 1953, orquestado por la CIA y el MI6 británico, que derrocó al primer ministro Mohammad Mosaddeq y reinstauró al Sha Mohammad Reza Pahlavi. El punto de inflexión más crítico ocurrió con la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Sha y estableció la República Islámica bajo el liderazgo del Ayatolá Jomeini, dando inicio a décadas de hostilidad. La crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán (1979-1981) consolidó la ruptura. En el siglo XXI, el programa nuclear iraní se convirtió en el principal foco de confrontación, llevando al Acuerdo Nuclear de 2015 (JCPOA), del cual Estados Unidos se retiró unilateralmente en 2018 bajo la administración Trump, recrudeciendo las sanciones y la escalada bélica. La muerte del ex líder supremo Ali Khamenei, figura central del régimen desde 1989, mencionada en el artículo como detonante del conflicto actual, representa un evento de enorme magnitud en este prolongado enfrentamiento.
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