15 sep 2026
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El brillo académico de Singapur en PISA y la sombra del castigo físico en sus aulas

El brillo académico de Singapur en PISA y la sombra del castigo físico en sus aulas

Singapur ha vuelto a captar la atención mundial gracias a sus logros educativos. En la evaluación PISA de 2025, cuyos resultados fueron dados a conocer esta semana por la OCDE, la nación asiática se posicionó una vez más entre los sistemas escolares más sobresalientes del planeta. No obstante, tras esa fachada de éxito que frecuentemente se presenta como paradigma de calidad educativa, persiste una realidad difícil de asimilar en gran parte de Occidente: el castigo corporal dirigido a estudiantes varones sigue estando permitido por las leyes educativas de Singapur.

Esta normativa no es reciente. Las Education (Schools) Regulations especifican que las alumnas están exentas de recibir castigos corporales, mientras que para los varones se contempla el uso de una vara ligera aplicada en las palmas de las manos o en los glúteos, siempre sobre la ropa. Además, la sanción únicamente puede ser ejecutada por el director del centro educativo o por alguien que cuente con su autorización explícita.

La disposición lleva décadas en vigor. De hecho, versiones oficiales de la reglamentación publicadas en los años 90 ya contenían una redacción casi idéntica. Por lo tanto, no se trata de una práctica recién incorporada al sistema educativo. Lo que ha cambiado en este año es el escenario en el que ha vuelto a cobrar relevancia: el Gobierno ha intensificado su política disciplinaria frente a casos graves de acoso escolar y otras conductas consideradas severas, y el caning (castigo con vara) ha resurgido como una de las sanciones posibles.

El asunto ha llegado incluso al Parlamento, donde se ha cuestionado abiertamente la posibilidad de aplicar este tipo de castigos a niños de tan solo nueve años.

El contraste se vuelve más evidente al examinar los resultados académicos. Según la OCDE, Singapur alcanzó en PISA 2025 una puntuación de 563 en matemáticas y 535 en lectura, situándose entre los países y economías con mejor desempeño en la evaluación internacional. En matemáticas, solo fue superado por el conjunto de regiones chinas Beijing-Shanghai-Jiangsu-Zhejiang, que obtuvo 612 puntos, mientras que Singapur lideró en lectura.

Estos resultados reafirman una tendencia constante del sistema educativo singapurense, que se distingue por una sólida preparación docente, currículos exigentes, evaluaciones periódicas y una cultura escolar muy competitiva. Sin embargo, sería erróneo establecer una relación de causa y efecto entre esos logros y la utilización de castigos físicos.

La OCDE no vincula el rendimiento académico de Singapur con su régimen disciplinario ni con el uso del caning. Los factores que determinan el desempeño educativo son variados e incluyen desde la calidad de la enseñanza y la formación de los profesores hasta las condiciones socioeconómicas, la organización escolar y las políticas públicas.

La propia evaluación PISA también revela otros aspectos del sistema. Más del 73% de los estudiantes de Singapur manifestó que disfruta aprender cosas nuevas en la escuela, y alrededor del 69% indicó que se esfuerza más cuando las tareas resultan difíciles.

La legislación introduce además una diferenciación explícita por género. El artículo 88 de las regulaciones escolares establece de manera directa que “el castigo corporal no debe administrarse a alumnas”. En contraste, autoriza su aplicación a estudiantes varones mediante una vara ligera. La mera existencia de esta distinción es parte de las controversias que envuelven al sistema.

También hay restricciones sobre quién puede imponer la sanción: cuando una escuela tiene más de un docente, el castigo debe ser aplicado por el director o por una persona autorizada por él. Así, la regulación no concibe el castigo corporal como una facultad libre para cualquier maestro, sino como una medida disciplinaria formal dentro del marco institucional.

A lo largo de este año, el Gobierno de Singapur ha revisado las herramientas disponibles para enfrentar el acoso escolar y otros incidentes graves de indisciplina. En este contexto, el caning ha vuelto a ser considerado como una sanción extrema dentro de un sistema que contempla otras medidas previas, como advertencias, detenciones, suspensión de clases o reducción de la calificación de conducta.

El debate público se intensificó cuando el Parlamento abordó específicamente los posibles efectos psicológicos de aplicar castigos físicos a alumnos pequeños, incluso desde los nueve años. La postura oficial ha sido que esta herramienta debe emplearse de manera excepcional y bajo protocolos definidos, especialmente cuando otras medidas disciplinarias no hayan sido suficientes.

Este debate pone de manifiesto una de las contradicciones más notorias del modelo educativo de Singapur: un sistema extremadamente avanzado en lo tecnológico y académico mantiene al mismo tiempo una práctica disciplinaria con profundas raíces históricas. Y mientras sus estudiantes continúan ocupando los primeros puestos en las evaluaciones internacionales, el uso del castigo corporal sigue suscitando interrogantes sobre los límites de la disciplina en aras del orden escolar.

Fuente: Agencia de Noticias NA, OCDE y Singapor Statutes Online

Contexto: Singapur ha sido históricamente reconocido por su sistema educativo de alto rendimiento, pero también por mantener tradiciones disciplinarias que en otros países han sido abolidas hace décadas. El caning, como práctica legal en escuelas, ha sido objeto de críticas por parte de organismos de derechos humanos, aunque el gobierno defiende su uso como último recurso para mantener la disciplina.

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