En Posadas, la presencia de cámaras de seguridad en hogares y comercios se ha vuelto cada vez más habitual. A esto se agregan cercos electrificados, alarmas y luces con detección de movimiento. A diferencia de otros rubros, la inversión en elementos de seguridad se sostiene e incluso aumenta, impulsada por los frecuentes hechos de inseguridad en los barrios.
Para conocer la situación actual, PRIMERA EDICIÓN conversó con empresas de seguridad privada. Sus referentes coincidieron en que las consultas se mantienen estables, mientras crece el interés de familias y comerciantes por reforzar la protección de viviendas, negocios y empresas.
Desde Mega Seguridad, Hugo Stanganelli explicó que el crecimiento urbano también se refleja en una mayor demanda de asesoramiento. “A medida que va creciendo la ciudad aparecen más preguntas, pero básicamente siempre son las mismas: alarmas o cámaras”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que esos dispositivos “son parte de la seguridad, pero no lo son todo”, ya que la protección también depende de los hábitos cotidianos de cada familia, como mantener luces encendidas durante una ausencia o adoptar rutinas preventivas.
Remarcó que las cámaras cumplen principalmente una función disuasoria. “Al ver una cámara o darse cuenta de que una vivienda tiene alarma, muchos delincuentes se cuidan. Pero eso no es toda la seguridad”, afirmó. En ese sentido, indicó que cada cliente requiere un análisis particular y que la combinación de dispositivos depende de las características del inmueble y de la forma de vida de quienes lo habitan.
Stanganelli señaló además que las consultas “aumentan constantemente”, especialmente a través de las redes sociales, y que antes de ofrecer un presupuesto realizan un relevamiento para determinar qué sistema resulta más adecuado. “Puede haber dos casas parecidas, pero las necesidades son diferentes porque cada familia tiene dinámicas distintas”, explicó.
El crecimiento de Posadas también obligó a las empresas a ampliar su capacidad operativa. “Cada vez se generan más necesidades y nosotros tuvimos que incorporar más móviles porque la ciudad se extendió mucho”, comentó. Asimismo, indicó que también aumentó la demanda de vigilancia física. “Cada vez es más solicitado el vigilador en los comercios y en las empresas”, afirmó, al destacar que la presencia de personal uniformado también actúa como elemento de disuasión.
Respecto de la evolución del mercado, Stanganelli consideró que la necesidad de invertir en seguridad continúa en ascenso. “A medida que pasa el tiempo va creciendo la necesidad porque también hay más delitos”, expresó. Además, señaló que la tecnología evoluciona de manera permanente y que la empresa capacita constantemente a su personal para incorporar nuevos sistemas, al tiempo que procura ofrecer módulos y alternativas adaptadas a la situación económica de cada cliente.
Una visión similar compartió Martín Cáceres, responsable de Sur Monitoreo, quien aseguró que el interés por reforzar la seguridad domiciliaria continúa vigente pese al contexto económico. “La gente hace un esfuerzo para estar más segura”, afirmó, y agregó que el primer pedido que reciben casi siempre es la instalación de cámaras.
No obstante, Cáceres advirtió que muchas veces ese pedido responde más a una percepción que a una necesidad real. “La gente pide cámaras porque cree que eso le va a dar una solución, pero ahí es muy importante el rol del asesor”, sostuvo. Según explicó, una cámara por sí sola no garantiza protección si no existe un sistema que permita monitorear las imágenes y conservar la información registrada.
El especialista remarcó que la seguridad debe entenderse como un conjunto de medidas complementarias. “La alarma y la cámara son parte de un mismo sistema y no cumplen la misma función”, señaló. En ese sentido, explicó que cuando una vivienda ya sufrió un hecho delictivo es habitual que los propietarios busquen sumar alarmas, cercos electrificados u otros dispositivos. “No existe el riesgo cero, siempre hay una pequeña ventana que deja expuesta nuestra seguridad”, advirtió.
En cuanto a la demanda, Cáceres consideró que el interés por protegerse se mantiene estable. “Las personas han optado por dejar otras cosas y hacer un esfuerzo para invertir en la seguridad de su casa”, indicó, al tiempo que sostuvo que, mientras otros rubros muestran una caída del consumo, el sector de la seguridad conserva un nivel sostenido de actividad.
Otro aspecto destacado por el empresario fue el avance tecnológico, que “cambia a cada segundo y la inteligencia artificial ha venido a jugar fuertemente en eso”. Como ejemplo, explicó que hoy existen cámaras capaces de diferenciar personas, animales o vehículos y enviar alertas específicas al teléfono celular, herramientas que mejoran considerablemente la capacidad de prevención y monitoreo.
En relación con los costos, Cáceres indicó que existen numerosas alternativas en el mercado y que muchas empresas ofrecen promociones o equipos en comodato. Como referencia, señaló que una cámara con visión nocturna a color, detección inteligente, memoria e instalación profesional ronda actualmente los 220 mil pesos, aunque el valor depende de las prestaciones y de las necesidades de cada propiedad.
Más allá de contratar servicios profesionales de videovigilancia o vigilancia física, cada vez más posadeños optan por adquirir equipos a través de plataformas de comercio electrónico para instalarlos por cuenta propia. En el mercado pueden encontrarse cámaras individuales desde unos 30 o 50 mil pesos hasta modelos cercanos a los 100 mil, mientras que kits de cuatro cámaras domo alcanzan aproximadamente los 200 mil pesos, con funciones como grabación e imágenes a color.
Algo similar ocurre con las luces equipadas con sensores de movimiento. Los modelos básicos para exteriores parten de unos 30 mil pesos, aunque las versiones de mayor potencia y calidad pueden superar los 150 o 200 mil pesos. A esos valores debe sumarse el costo de mantenimiento, el reemplazo de baterías cuando corresponda y la necesidad de contar con alimentación eléctrica o sistemas recargables, aspectos que también inciden al momento de planificar una inversión en seguridad.
Cada vivienda, comercio o empresa presenta necesidades de seguridad diferentes, por lo que no existe una solución única que sirva para todos los casos. Las características del inmueble y la forma en que se utiliza determinan qué medidas son las más adecuadas.
En los hogares influyen factores como los horarios en que permanece ocupado, los accesos disponibles y la presencia de patios o espacios exteriores. En los comercios y empresas también cambian las prioridades según el tipo de actividad que desarrollan.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan realizar primero un relevamiento para identificar puntos vulnerables, horarios críticos y necesidades específicas antes de definir qué sistemas de seguridad instalar.
En las viviendas, las primeras medidas de prevención suelen ser las más simples, como mantener una buena iluminación exterior, revisar cerraduras, asegurar puertas y ventanas y evitar rutinas demasiado predecibles durante las ausencias.
Cuando se instala una alarma, es importante que esté correctamente configurada para diferenciar accesos, sectores interiores y áreas perimetrales, de modo que pueda adaptarse a las distintas situaciones de uso de la
Contexto:
Históricamente, la seguridad en Posadas ha sido un tema recurrente, con un aumento de la demanda de sistemas de protección desde la década de 2000, cuando se intensificaron los robos en zonas residenciales y comerciales. La tecnología ha evolucionado desde simples alarmas hasta sistemas integrados con inteligencia artificial, reflejando una tendencia global hacia la automatización de la prevención del delito.
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